Te llevo a la bañera

Oh, niñas, esperad un poco. No os impacientéis por mostrar vuestros nacientes encantos. Yo de vosotras me reuniría con amigas que tuvieran en común el deseo de cultivar las mentes, que buena falta os hará. Eso que dicen por ahí de “chica mona, chica tonta” es cierto en muchos casos, por desgracia. Más aún, lo transmitiréis a través de vuestros rostros si optáis por la vía fácil.

Creeréis que todo os viene de cara, que el mundo está a vuestros pies, que podréis elegir vuestros privilegios (trabajo, novio, carrera, casa, vacaciones, viajes…), que os lloverán ofertas sin parar, y por tanto, podéis dejaros llevar por el ambiente, confundiendo espontaneidad y simpatía con esnobismo y petulancia. Y todos los que os rodean os reirán y alabarán vuestros chistes y gestos, pero también se reirán a vuestras espaldas de vuestra superficialidad, mientras sigan sacándoos tajada.

Esperad un poco. Dejad que vuestro cuerpo se desarrolle por completo, cuidadlo con ejercicios físicos y pudor, mostrad alegría de vez en cuando, pero vigilad siempre vuestras maneras y dónde la mostráis. A pesar de que os silben y os piropeen por la calle, a pesar de que en los bares los chicos os miren de forma diferente y alguno se acerque con una radiante sonrisa, no os dejéis llevar.

Si queréis ejemplos acerca de cómo posar, mirar y andar, consultadlo con vuestras madres, vuestras tías, o cualquier mujer en la que confiéis y que ya tenga empaque y maneras adquiridas. Seguid su consejo. Al fin y al cabo, vuestras madres lo han sido gracias a trucos como ésos. Consultad con varias que os conozcan bien, y juzgad por vosotras mismas.

Si lo tenéis claro y deseáis ir más allá (pero mucho, mucho más allá) echad un vistazo a las revistas eróticas y películas atrevidas de los años 80. Entonces eran señoras estupendas que se desnudaban sin perder la compostura. Brazos en jarras, mirada altanera, sonrisas lejanas y contenidas… Id más allá de la moda de entonces (horrible y cutre a más no poder a vuestros ojos, pero era lo que nos volvía locos por aquellos tiempos), y haced vuestras las poses, la actitud y la invisible e impalpable muralla que las rodeaba todo el rato, tomaran la postura que tomaran.

Atención: no sigáis algunas costumbres entre las “modelos X” de ahora, porque lo lamentaréis. Tatuajes y piercings, fuera. Aspecto de jovencita sumisa, descarada y dicharachera, fuera. Delgadez insalubre, fuera. Cirugía estética, fuera. Uñas larguísimas o terminadas en tajo (creo que se llama manicura francesa), fuera. Así de claro. Todo esto tiene algo en común: es pan (para algunos intragable) para hoy y hambre para mañana.

Mostraos como sois, aprended a transmitir fuerza, personalidad y a irradiar sensualidad y atractivo, y tened la seguridad de que, a medida que vuestro físico empiece a decaer, lo que transmitís lo irá supliendo. Pero no os dejéis manipular por los profesionales del estilismo (fotógrafos, modistas, peluqueros, maquilladores, etc.) porque ellos sólo miran lo suyo, lo que son capaces de conseguir a costa de vuestra salud, apariencia y lozanía.

¿Queréis un ejemplo actual de una mujer que nos vuelve locos a todos los hombres? (y cuando digo “todos”, es “TODOS”): Mónica Bellucci. Su espléndida figura, su mirada de ópalo aterciopelado, su melena negra y su boca con sonrisa siempre contenida han ayudado mucho, sí, pero todo eso también se encuentra en las modelos X. Pero su saber estar, su elegancia, movimientos, poses, misterio y demás, todo eso que no se muestra pero se transmite, lo ha aprendido, y bien aprendido.

Malena

Aunque nunca lleguéis tan lejos como ella (ni falta que os hace), sí podéis haceros desde ya una imagen que demuestre a todo el mundo que, detrás de unos ojos bonitos, hay una leona a punto de saltar. Bajo una espléndida cabellera, se cultiva un cerebro con bases y raíces como troncos milenarios. Esas medidas tan llamativas que vuelven locos a los hombres en la piscina o en la playa, que transmitan una seguridad y una firmeza que desanime a cualquiera que se os acerque con intenciones nada buenas, y que sea la sinceridad el único puente que admitís en vuestro fuerte.

Daos tiempo, y así dejaréis de ser “chicas” para convertiros en MUJERES. Ojo: no es cuestión de edad, sino de aprender cuanto antes a usar los escudos, armas y estrategias que usan desde siempre las MUJERES. Pueden haber mujeres de 20 años y chicas de 25. De vosotras, y sólo de vosotras, depende.

Una última cosa. Por favor: no despreciéis al tímido que os mira de lejos y no se atreve a acercarse (soy uno de éstos). Acercaros vosotras a él, y seguramente descubriréis que su admiración por vosotras es profunda, sincera y humana. Pasad por alto su tartamudeo, su rubor y su nerviosismo, y dadle una oportunidad de conoceros mutuamente (o mejor, dos).