Los horizontes marinos son abismales e interesantes para alguien de tierra adentro. Pero, para esta entrada, son aburridos.

El título hace referencia a regiones de colinas de pendientes suaves y uniformes. Antiguas montañas que el tiempo ha erosionado. Y si están cubiertas de brezos, pequeños matorrales, sin rocas a la vista, pues mejor. Presentan así un aspecto más repetitivo, casi entrañable, y cercano.

Para los presos en el calabozo de la soledad endémica, este panorama puede destilar conclusiones y sensaciones interesantes. Desde lo alto de una colina, y mirando al horizonte, con la sublimación del deseo sexual por visera, se puede llegar a divisar a una hermosa mujer cómodamente recostada.

Brazos, piernas, caderas, senos, cabeza, incluso melena, pueden presentarse ante mis ojos si presto atención y encajo las piezas con un poco de esfuerzo. Incluso las nubes que corren por encima pueden decir algo: añadir movimiento a la figura, señalar con picaresca las zonas más íntimas y luego descubrirlas, un bosque puede simular una frondosa cabellera...

Hace años, en una excursión a un sitio muy especial, estaba muy sensible. En un largo descanso a medio camino, alcé los ojos hacia el fondo más nítido que podía distinguir, y allí estaba. En apenas dos segundos, mi mente había dibujado una serie de gigantescos trazos sobre unas ondulantes colinas rematada por una montaña en su justa proporción. La figura no podía ser más evocadora e impactante, por inesperada.

Dos colinas seguidas: a mi izquierda, una larga, recta y leve pendiente subía a una forma que asemejaba a una cadera; pasado el punto más alto, la línea bajaba de forma espectacular y proporcionada para volver a subir hacia otra colina de dimensiones algo menores, pero como protegida por la gran montaña que asomaba más allá, asemejando un brazo levantado y doblado sobre la cabeza. En la cara más a la derecha de dicha montaña, su ladera aparecía poblada de árboles, como una lana oscura. Línea que descendía nítida hacia lo que, forzando un pelín la vista, parecía la cabeza...

Como ha he dicho, estaba inspirado. Así que, a riesgo de sonar cursi y hortera, me senté un momento para recrearme en ese perfil e imaginar a una hermosa mujer durmiendo al sol... Una mujer llamada... Tierra. Tan lejos de mi alcance en aquel momento como ahora mismo una mujer de carne y hueso.